Señorita
Paladar.
El newsletter íntimo de Eva María Rodrigo. Reflexiones afiladas sobre el sector, textos que no llegan a la prensa y la voz que Vayro no puede publicar en abierto. Envíos cortos, con criterio.
Lo que aprendí produciendo ocho ediciones de DegustAM.
Hay cosas que sólo se aprenden montando un evento propio. Y ninguna aparece en los libros. Aparecen a las tres de la mañana, cuando el catering llega tarde, cuando el chef principal cancela por gripe y cuando el sponsor decide que su logo debe ir un centímetro más arriba.
Después de ocho ediciones de DegustAM, la primera lección que tengo clara es que un evento gastronómico no se sostiene por la comida. Se sostiene por la logística invisible que rodea la comida. Los coches que traen a los chefs, el guion que ordena la moderación, el técnico que apaga el eco cuando alguien acerca demasiado el micrófono a la campana extractora.
La segunda es que el sector responde mejor a la coherencia que al ruido. He visto lanzamientos con presupuesto de siete cifras que no dejaron ni una nota de prensa. Y he visto convocatorias sin agencia detrás llenar una sala de doscientas personas porque el planteamiento era sincero. La diferencia no está en el dinero. Está en si el motivo para reunirse es real o inventado.